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El principio del fin del coche de gasolina: una transición inevitable, pero no inmediata

La industria del automóvil atraviesa una transformación estructural sin precedentes. Todos los indicadores —regulatorios, industriales y de mercado— apuntan a un declive progresivo del motor de combustión que, aunque no desaparecerá de golpe, ya ha perdido el futuro.

Coche de gasolina aparcado al atardecer simbolizando el declive del motor de combustión ante la transición eléctrica

El motor de combustión no desaparecerá de un día para otro, pero todos los indicadores apuntan a un declive estructural ya en marcha

Hace apenas una década, hablar del "fin del coche de gasolina" sonaba a ciencia ficción. Hoy, es el marco en el que trabajan los reguladores europeos, los grandes fabricantes y los analistas del sector. La pregunta ya no es si el motor de combustión interna perderá su posición dominante, sino cuándo y a qué velocidad. La respuesta, según los datos disponibles, es: más rápido de lo que muchos conductores imaginan, aunque con más matices de los que los titulares sugieren.

La regulación europea: el punto de inflexión está en 2035

El principal motor del cambio no es tecnológico, sino político. La Unión Europea aprobó en 2023 una normativa que establece que, a partir de 2035, todos los turismos y furgonetas nuevas que se vendan en el mercado europeo deberán ser de emisiones cero. Esto supone, en la práctica, el fin de las ventas de nuevos vehículos de gasolina y diésel puros en la UE. El objetivo es alcanzar la neutralidad climática en el transporte para 2050, lo que implica una reducción del 100% de las emisiones de CO₂ en los coches nuevos respecto a los niveles de 2021. (Parlamento Europeo)

Sin embargo, la presión de la industria automovilística y de algunos Estados miembros ha provocado que la Comisión Europea revisara su posición durante 2025 y 2026. La propuesta que está sobre la mesa plantea una reducción del 90% de las emisiones de CO₂ en 2035 en lugar del 100% inicial, dejando un margen técnico que permitiría la supervivencia de determinados vehículos híbridos enchufables avanzados o impulsados con combustibles sintéticos —los llamados e-fuels—. (Motor.es)

⚠️ ¿Una marcha atrás real?

La flexibilización del objetivo no cambia la dirección del viaje. Aunque se permita un 10% de margen, los fabricantes seguirán obligados a vender una proporción abrumadora de vehículos eléctricos para compensar. La combustión convencional seguirá siendo incompatible con los objetivos climáticos de la UE para 2050. La dirección no cambia; solo lo hace el ritmo.

Previsiones de mercado: la caída estructural de la combustión

Más allá de la regulación, las cifras del mercado confirman que la tendencia ya está en marcha. Según un análisis publicado por Reuters en febrero de 2026, incluso con las normas europeas suavizadas, los vehículos eléctricos podrían representar entre el 50% y el 85% de las ventas de coches nuevos en Europa en 2035. En ese escenario, la combustión quedaría reducida a una minoría clara del mercado. (Reuters)

Hay un dato que a menudo se pasa por alto en este debate: la vida media de un turismo ronda los 15 años. Si en 2035 los coches de combustión ya son minoritarios en las ventas, hacia 2050 su presencia en el parque circulante habrá caído de forma drástica simplemente por sustitución natural. No hace falta ninguna medida de retirada forzosa: el simple paso del tiempo hace el trabajo. (Parlamento Europeo)

📊 Lo que dicen los números:

  • 2035: los eléctricos podrían suponer entre el 50% y el 85% de las ventas nuevas en Europa
  • 2037-2040: la combustión podría caer por debajo del 20% de las ventas nuevas
  • 2050: con una vida media del vehículo de 15 años, el parque circulante será mayoritariamente eléctrico

La industria ya ha tomado partido

Si la regulación marca el camino, la industria ya ha decidido seguirlo —aunque a veces con dudas y cambios de ritmo—. Las grandes marcas llevan años reduciendo su inversión en el desarrollo de nuevos motores de combustión y concentrando sus recursos en plataformas eléctricas dedicadas. Volkswagen, Stellantis, Renault, General Motors o Ford han anunciado en distintos momentos objetivos de electrificación total o parcial de sus gamas. Incluso Toyota, históricamente escéptica con el eléctrico puro, ha acelerado sus planes de BEV en los últimos dos años.

Sin embargo, el camino no está siendo tan limpio como se anticipaba. Tal y como recogía El País en octubre de 2025, los coches eléctricos crecen, pero no al ritmo esperado, y varias marcas han retrasado sus planes de electrificación ante unas ventas que, aun siendo positivas, no alcanzan las previsiones más optimistas. (El País)

Esos retrasos tácticos no alteran la estrategia de fondo. Ningún fabricante relevante ha anunciado una apuesta a largo plazo por el motor de combustión convencional. El debate interno no es sobre el destino, sino sobre el tiempo que se tarda en llegar.

Un matiz importante: no es un fin brusco

El relato del "fin del coche de gasolina" necesita matices para ser honesto. La Comisión Europea está introduciendo flexibilidades importantes por la presión combinada de la industria y de economías nacionales muy dependientes del sector del automóvil. Según recoge Movilidad Eléctrica, la propuesta revisada de la UE permitiría que determinados vehículos de combustión sigan vendiéndose más allá de 2035, siempre que funcionen con combustibles sintéticos neutros en carbono. (Movilidad Eléctrica)

Además, los coches de gasolina y diésel que circulan hoy no van a desaparecer de las carreteras: seguirán en uso durante décadas, simplemente dejando de venderse como nuevos de forma progresiva. Es, por tanto, una pérdida de relevancia gradual, no una extinción repentina.

💡 Las excepciones que se contemplan en el nuevo marco europeo:

  • Híbridos enchufables avanzados con capacidad de emisión cero en un porcentaje significativo de su uso real
  • Vehículos propulsados con e-fuels (combustibles sintéticos de origen renovable, neutros en CO₂)
  • Pequeños fabricantes con volúmenes de producción limitados, que tendrán plazos y condiciones distintas

Factores que aceleran y frenan el cambio

La transición no avanza en el vacío. Hay fuerzas que empujan y fuerzas que frenan, y entender ambas es clave para tener una imagen realista de lo que viene.

Lo que acelera la transición

  • Regulación climática cada vez más estricta en Europa y en mercados clave como China o California, que arrastran a toda la industria global
  • Reducción sostenida del coste de las baterías: el precio por kWh ha caído más del 90% en la última década y sigue bajando, lo que acerca la paridad de precio de compra con los vehículos de combustión
  • Menor coste total de uso: cargar un eléctrico en casa —especialmente en horas valle o con paneles solares— sigue siendo significativamente más barato que repostar gasolina, como hemos analizado en detalle en nuestra guía de ahorro en carga
  • Expansión de la red de recarga: aunque aún insuficiente, el número de puntos de recarga públicos en Europa crece año tras año
  • Mayor oferta de modelos: la llegada de vehículos eléctricos en todos los segmentos, incluidos los más asequibles, amplía el acceso a esta tecnología

Lo que frena la transición

  • Precio de compra todavía elevado para una parte importante de los compradores, especialmente en los segmentos de entrada
  • Infraestructura de recarga insuficiente fuera de los grandes núcleos urbanos y en países del sur y este de Europa
  • Incertidumbre regulatoria: los cambios de posición de la Comisión generan dudas tanto en fabricantes como en consumidores
  • Resistencia del mercado de segunda mano: el valor residual de los eléctricos aún genera dudas, lo que frena la decisión de compra
  • Ritmo de adopción más lento de lo previsto en mercados del sur de Europa, incluida España

Conclusión: pérdida de relevancia, no extinción

El motor de combustión interna no va a desaparecer en una fecha concreta marcada en el calendario. Pero sí está entrando, de forma clara y documentada, en una fase de declive estructural irreversible. La regulación, las inversiones industriales y las previsiones de mercado apuntan todas en la misma dirección.

El año 2035 marca el punto de inflexión regulatorio en Europa. A partir de ahí, la combustión convencional pasará progresivamente de tecnología dominante a residual. Hacia finales de la década siguiente, su cuota en las ventas nuevas podría situarse por debajo del 20%. Y con el tiempo, simplemente dejará de ser el estándar de referencia que ha sido durante más de un siglo.

Lo que está en juego no es solo una tecnología, sino toda una cadena industrial, millones de empleos y la forma en que nos hemos movido durante generaciones. La transición es inevitable; la gestión de esa transición, en cambio, está por escribirse. Y en eso, tanto los fabricantes como los Gobiernos tienen mucho trabajo por delante.

🔑 Idea clave:

El motor de combustión no desaparecerá, pero ya ha perdido el futuro. La pregunta ya no es si se producirá la transición, sino cómo afrontarla con inteligencia: como comprador, como ciudadano y como país.

Fuentes

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Sobre el autor

Apasionado de la movilidad eléctrica con más de 15.000 km de experiencia en viajes por carretera. Comparto lo aprendido para que tu transición a la electrificación sea más sencilla y disfrutes cada kilómetro, sin sorpresas.