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El vehículo que rompió la barrera prohibida hace 125 años (y no usaba gasolina)

Existía una creencia victoriana de que el cuerpo humano no podría soportar ciertas velocidades sin desintegrarse. Pero un ingeniero pelirrojo, apodado "El Diablo", decidió construir un torpedo de metal para demostrar que el futuro no pertenecía al vapor ni a la gasolina.

Vehículo eléctrico histórico con forma de torpedo pilotado por Camille Jenatzy en 1899

Camille Jenatzy a los mandos de su creación en 1899, adornado con flores tras la hazaña.

Hoy en día, cuando nos subimos a un Tesla Model S Plaid o a un Rimac Nevera y sentimos cómo nuestra espalda se pega al asiento, nos parece que estamos viviendo el pináculo de la tecnología eléctrica. Asumimos, casi por inercia, que la historia del automóvil es una línea recta donde la gasolina reinó suprema hasta que llegaron las baterías de litio en el siglo XXI. Nada más lejo de la realidad.

Hubo un momento, un breve pero intenso destello a finales del siglo XIX, donde la electricidad no era la alternativa "eco-friendly", sino la fuerza bruta dominante. La opción de los que querían ir más rápido que nadie.

Esta es la historia de cómo una rivalidad encarnizada entre un aristócrata y un ingeniero, y una máquina con forma de bala, rompieron la barrera psicológica y física de los 100 kilómetros por hora por primera vez en la historia de la humanidad. Y lo más sorprendente: no hubo ni una gota de gasolina involucrada.

1899: La guerra de los tres motores

Para entender la magnitud de lo que ocurrió aquel 29 de abril de 1899, hay que borrar de nuestra mente el paisaje automovilístico actual. A finales del siglo XIX, nadie sabía qué tecnología ganaría la carrera del futuro.

Las calles de París y Nueva York eran un caos de caballos, tranvías y tres tipos de máquinas ruidosas (o silenciosas) compitiendo por la supremacía, un período fascinante que analizamos en nuestro artículo sobre la evolución del automóvil eléctrico:

  • El Vapor: Tecnología probada, pero engorrosa. Requería tiempo para calentar y era peligroso.
  • La Gasolina: Ruidosa, maloliente, vibrante y difícil de arrancar (había que usar manivela, con riesgo de romperse una muñeca). Se consideraba algo para aventureros y mecánicos.
  • La Electricidad: Silenciosa, limpia, con arranque instantáneo y un par motor brutal desde cero. Era la opción preferida de la alta sociedad y los taxis urbanos.

En este escenario, ser el más rápido no era solo una cuestión de ego; era la mejor publicidad posible para vender coches. Y dos hombres estaban dispuestos a arriesgar su vida para demostrar que su tecnología era la superior.

El Conde vs. El Diablo Rojo

La historia del automovilismo rara vez ha visto una rivalidad tan directa y caballerosa, pero feroz, como la que protagonizaron el Conde Gaston de Chasseloup-Laubat y el ingeniero belga Camille Jenatzy.

El Conde era la imagen de la sofisticación francesa: pilotaba para la marca Jeantaud, un fabricante de coches eléctricos de lujo. Jenatzy, por el contrario, era pura intensidad. Ingeniero de formación y constructor de sus propios vehículos, era conocido como "El Diablo Rojo" (Le Diable Rouge) por su frondosa barba pelirroja y su estilo de conducción temerario.

Durante los primeros meses de 1899, estos dos hombres convirtieron la carretera de Achères, en Yvelines (cerca de París), en su ring de boxeo particular. El título en juego: ser el hombre más rápido sobre la tierra.

⏱️ La cronología del duelo (1899):

  • 18 de diciembre (1898): El Conde de Chasseloup-Laubat establece la primera marca mundial: 63,15 km/h.
  • 17 de enero: Jenatzy responde con 66,66 km/h.
  • 17 de enero (mismo día): El Conde contraataca y recupera el récord con 70,31 km/h.
  • 27 de enero: Jenatzy vuelve a la carga: 80,35 km/h.
  • 4 de marzo: El Conde parece sentenciar el duelo con una marca impresionante de 92,78 km/h.

Cuando el Conde alcanzó los 92 km/h, muchos pensaron que el límite se había alcanzado. Los coches de la época eran poco más que carruajes sin caballos; inestables, con frenos precarios y neumáticos estrechos. Pero Jenatzy no estaba satisfecho. De hecho, esa insatisfacción crónica le daría nombre a la máquina que estaba construyendo en secreto para dar el golpe definitivo.

La Jamais Contente: Un torpedo de aleación secreta

Para vencer al Conde, Jenatzy sabía que no podía simplemente modificar un coche de calle. Necesitaba construir algo radicalmente nuevo. El resultado fue "La Jamais Contente" (La Nunca Satisfecha), un nombre que hacía referencia tanto a la ambición de Jenatzy como, según las malas lenguas de la época, al carácter de su esposa.

Al ver las imágenes de archivo, lo primero que llama la atención es su forma. Fue el primer automóvil diseñado específicamente con la aerodinámica en mente. Tenía forma de torpedo o bala, con ambos extremos afilados para cortar el viento.

Ingeniería del siglo XIX para un récord del futuro

Bajo esa carrocería futurista, Jenatzy escondía una ingeniería que, incluso hoy, resulta fascinante al analizar los datos disponibles:

1. Materiales de la era espacial (victoriana):
La carrocería no era de acero ni de madera. Estaba fabricada en partinium, una aleación ligera y exótica compuesta por aluminio, tungsteno y magnesio, laminada por el carrocero Rothschild. Jenatzy entendía que la relación peso/potencia era clave.

2. Potencia bruta:
El vehículo montaba dos motores eléctricos Postel-Vinay de transmisión directa en la parte trasera, que generaban una potencia combinada de unos 50 kW (aproximadamente 68 CV). Para poner esto en perspectiva, un coche de gasolina de la época rara vez superaba los 10 o 15 CV. Era un monstruo de potencia.

3. El corazón energético:

Las baterías eran de plomo-ácido, suministradas por Fulmen. Ocupaban la mayor parte del chasis y representaban casi la mitad del peso total del vehículo, que rondaba los 1.450 kg. La tensión de funcionamiento se llevó al límite, operando a 200V y descargando amperios con una furia que apenas permitía una autonomía suficiente para calentar y realizar el sprint. Un contraste notable con las baterías modernas que ofrecen cientos de kilómetros de autonomía.

4. Neumáticos pioneros:
Los neumáticos fueron suministrados por Michelin, que ya por entonces entendía el valor de la competición como banco de pruebas. Eran neumáticos neumáticos (con aire), esenciales para absorber las irregularidades a velocidades que hubieran destrozado una rueda de madera o caucho macizo.

⚠️ El fallo de diseño fatal:

A pesar de su forma de bala, "La Jamais Contente" tenía un defecto aerodinámico grave. Jenatzy iba sentado encima del torpedo, no dentro, con el torso y la cabeza completamente expuestos al viento, rompiendo gran parte de la eficiencia aerodinámica que la carrocería prometía. Además, el chasis y la suspensión inferior también quedaban expuestos al aire. Aún así, la fuerza bruta de los motores eléctricos compensaría este hándicap.

29 de abril de 1899: El día histórico

Llegó el día. En la recta de Achères, el ambiente era tenso. Jenatzy se subió a su máquina, agarrando el pequeño volante y las palancas de control. No había cinturón de seguridad, ni jaula antivuelco, ni casco tal como lo conocemos hoy. Si algo salía mal a esa velocidad, la estructura de partinium y las baterías de ácido serían una trampa mortal.

Con un zumbido eléctrico que se convirtió en un aullido, "La Jamais Contente" salió disparada. Los testigos describieron el paso del vehículo como algo fantasmal: sin explosiones, sin humo negro, solo el ruido de los neumáticos y el corte del viento.

Al cruzar la línea de medición del kilómetro lanzado, los cronometradores detuvieron sus relojes. El cálculo fue inmediato y demoledor.

105,882 km/h.

Camille Jenatzy no solo había vencido al Conde de Chasseloup-Laubat. Había destrozado la barrera de los 100 km/h. Se había convertido en el primer ser humano en viajar a esa velocidad en un vehículo terrestre. El récord se mantuvo imbatido durante tres años, hasta que fue superado por un coche de vapor en 1902.

El triunfo y la tragedia del coche eléctrico

Lo que debería haber sido el comienzo de la era dorada del coche eléctrico se convirtió, irónicamente, en su canto de cisne. El récord de Jenatzy demostró que los eléctricos eran rápidos, pero el mercado empezaba a demandar otra cosa: autonomía y bajo coste. Hoy, con los avances en baterías de estado sólido y la reducción de costes, estamos viendo cómo la historia se reescribe.

Apenas unos años después, las mejoras en el motor de combustión interna y, sobre todo, la llegada del Ford T y el arranque eléctrico de Cadillac (que eliminaba el riesgo de la manivela), sellaron el destino de la movilidad eléctrica. La gasolina, barata y abundante, ganó la batalla económica.

"La Jamais Contente" quedó como una curiosidad de museo, un recordatorio de un futuro que pudo ser y no fue... hasta ahora. Hoy, el vehículo original descansa en el Musée National de la Voiture en el castillo de Compiègne, Francia, mirando silenciosamente cómo, 125 años después, el mundo vuelve a darle la razón.

¿Qué fue del Diablo Rojo?

Camille Jenatzy siguió compitiendo, pero irónicamente, sus mayores éxitos posteriores fueron con coches de gasolina, ganando la famosa Copa Gordon Bennett en 1903 al volante de un Mercedes. Su pasión por la velocidad y el riesgo nunca desapareció.

Su muerte, sin embargo, no ocurrió en un circuito, sino en una circunstancia tan extraña como trágica que parece sacada de una novela negra. En 1913, durante una cacería, Jenatzy quiso gastar una broma a sus compañeros escondiéndose tras unos arbustos e imitando los gruñidos de un jabalí. Uno de los cazadores disparó, hiriéndole mortalmente. Se dice que sus últimas palabras fueron para perdonar al tirador, reconociendo que la culpa había sido de su propia temeridad.

Reflexión final

Cuando miramos atrás a 1899, no solo vemos un récord numérico. Vemos la prueba tangible de que la limitación del coche eléctrico nunca fue la falta de prestaciones o de emoción. Jenatzy lo demostró hace más de un siglo: con suficiente ingenio y electricidad, se pueden romper todas las barreras.

La próxima vez que alguien te diga que los coches eléctricos "no tienen alma" o historia, háblales del Diablo Rojo y su torpedo de aleación. Háblales de la época en que la electricidad humilló a la gasolina y nos enseñó que el futuro, a veces, tarda un siglo en llegar. Si te ha gustado este viaje por la historia, no te pierdas nuestro artículo sobre el primer vehículo eléctrico en la Luna, otro capítulo fascinante de la electrificación.

📚 Fuentes y referencias consultadas:

  • Musée National de la Voiture de Compiègne - Archivos sobre el Jamais Contente.
  • Michelin Heritage - Historia de los primeros neumáticos de alta velocidad.
  • J.R.L. Anderson, "History of the Motoring Record".
  • Wikipedia & Historical Archives - Datos biográficos de C. Jenatzy y G. de Chasseloup-Laubat.
  • EV History records 1890-1900.

Este artículo tiene fines informativos y divulgativos sobre la historia de la automoción. Los datos técnicos han sido verificados a través de fuentes históricas disponibles.

Sobre el autor

Apasionado de la movilidad eléctrica con más de 50.000 km de experiencia en viajes por carretera. Comparto lo aprendido para que tu transición a la electrificación sea más sencilla y disfrutes cada kilómetro, sin sorpresas.